Acaba de recibir los resultados de su análisis de sangre y hay dos líneas que llaman su atención: ASAT y ALAT. Ambos pertenecen a la familia de las transaminasas, enzimas presentes en sus células. Su función es catalizar la transferencia de un grupo amino entre aminoácidos y ácidos cetónicos, un mecanismo central del metabolismo.
Cuando estas enzimas aparecen en cantidades anormales en la sangre, a menudo es porque las células que las contenían han sido dañadas. Queda por saber cuáles, y es aquí donde la distinción entre ASAT y ALAT cobra todo su interés.
Localización tisular: por qué ASAT y ALAT no cuentan la misma historia
La ALAT (alanina aminotransferasa) se concentra principalmente en las células del hígado. Esto la convierte en un marcador relativamente específico de un daño hepático. Cuando su nivel aumenta, el hígado figura en la cabeza de los sospechosos.
La ASAT (aspartato aminotransferasa) tiene una distribución más amplia. Se encuentra en el hígado, pero también en el músculo cardíaco, los músculos esqueléticos, los riñones, el cerebro y el páncreas. Por lo tanto, un aumento de la ASAT no apunta automáticamente hacia el hígado.
¿Ha corrido un medio maratón o ha hecho una sesión intensa de musculación dos días antes del análisis de sangre? Sus ASAT pueden aumentar sin que exista ningún problema hepático. Por esta razón, se recomienda evitar el ejercicio físico intenso en las 24 horas previas a la extracción, y comunicar cualquier entrenamiento reciente a su médico. Según el contexto, un análisis de CK (creatina quinasa) permite verificar si el aumento proviene de los músculos.
Para profundizar en el tema, puede consultar los valores de las transaminasas alat en Nouvelle Jeunesse, que también detallan la antigua terminología (SGPT, SGOT, TGO, TGP) aún visible en algunos informes.

Relación ASAT/ALAT: lo que realmente indica esta proporción
Muchos pacientes se centran en el nivel bruto de cada enzima. Los médicos, por su parte, también observan la relación entre ambas. Esta proporción orienta el diagnóstico.
- Cuando la ALAT es más alta que la ASAT, a menudo sugiere un daño hepático no cirrótico: esteatosis metabólica, hepatitis viral en fase activa o toxicidad medicamentosa en el hígado.
- Cuando la ASAT supera a la ALAT, el perfil puede sugerir un consumo excesivo de alcohol, pero no únicamente. Una cirrosis avanzada, sea cual sea su causa, o un daño muscular pueden producir el mismo patrón.
- Una relación ASAT/ALAT superior a 1 nunca es suficiente, por sí sola, para establecer un diagnóstico de origen alcohólico. Las recomendaciones de la ACG (American College of Gastroenterology) insisten en que esta proporción siempre debe interpretarse en un contexto clínico global.
En otras palabras, la proporción proporciona una pista, no un veredicto. Su médico cruzará esta información con otros marcadores (gamma-GT, bilirrubina, plaquetas) y con su historia médica.
Transaminasas normales y enfermedad hepática: una trampa frecuente
Aquí hay un punto que los resultados de laboratorio no le dicen claramente: transaminasas dentro de los valores de referencia no excluyen una enfermedad del hígado. En la MASLD (enfermedad hepática esteatósica asociada a un disfuncionamiento metabólico, anteriormente llamada NAFLD), la fibrosis puede progresar mientras que la ALAT se mantenga dentro del rango considerado normal.
Por esta razón, las recomendaciones actuales favorecen una evaluación en varias etapas en personas en riesgo (diabetes tipo 2, obesidad, síndrome metabólico). El puntaje FIB-4, que combina la edad, las plaquetas, la ASAT y la ALAT, sirve como herramienta de triage para estimar el riesgo de fibrosis.
Un límite importante del puntaje FIB-4
Este puntaje integra la edad en su cálculo. En personas menores de 35 años, pierde fiabilidad. Un resultado tranquilizador en este grupo de edad no debe hacer que baje la guardia si existen otras señales clínicas. El FIB-4 orienta, no decide.
Cuando el FIB-4 regresa en una zona intermedia o alta, el siguiente paso suele ser una elastografía hepática (medición de la rigidez del hígado por ultrasonido), un examen no invasivo que afina la evaluación sin necesidad de una biopsia.

Dosificación de transaminasas: cuándo solicitarla y cómo prepararse
La dosificación de transaminasas se realiza mediante una simple extracción de sangre. Se prescribe en varias situaciones: chequeo de salud de rutina, seguimiento de un tratamiento farmacológico potencialmente hepatotóxico, exploración de síntomas como fatiga persistente o ictericia.
Para obtener resultados fiables, hay algunas precauciones que contar:
- Estar en ayunas es deseable pero no siempre obligatorio, dependiendo del laboratorio y del contexto clínico. Pregunte a su médico.
- Evitar el ejercicio físico intenso el día anterior a la extracción, ya que puede elevar la ASAT y la CK durante varios días.
- Informar sobre cualquier medicamento en curso, incluidos los suplementos alimenticios, algunos de los cuales pueden modificar los niveles.
Un aumento moderado y aislado a menudo justifica un control a distancia antes de avanzar más.
Aumento de transaminasas y medicamentos: un vínculo subestimado
Algunos tratamientos comunes pueden provocar un aumento de las transaminasas sin que haya una enfermedad hepática subyacente. Los antiinflamatorios, ciertos antibióticos, los antiepilépticos o las estatinas figuran entre las clases más frecuentemente implicadas.
El aumento relacionado con las estatinas es generalmente leve y transitorio. En la mayoría de los casos, no requiere la interrupción del tratamiento. Las recomendaciones recientes indican incluso que las estatinas pueden ser continuadas en pacientes con esteatosis hepática, ya que el beneficio cardiometabólico supera.
El reflejo a tener: nunca modificar o interrumpir un tratamiento por su propia cuenta basándose en un resultado de transaminasas. Es el médico quien debe evaluar si el aumento está relacionado con el medicamento y si justifica un ajuste.
La interpretación de las transaminasas no se limita a comparar un número con una norma de laboratorio. La localización tisular de cada enzima, la relación entre ambas, los tratamientos en curso y el perfil metabólico del paciente transforman una simple dosificación sanguínea en una herramienta diagnóstica completa. Ante un resultado anormal, el siguiente paso útil sigue siendo el mismo: discutirlo con su médico, resultados en mano.



